Cartas al cartero … in corpore insano por Paco Santos Destacado

  • Escrito por  Paco Santos para la Revista Mi Pueblo Fuerteventura
  • Visto 748 veces
  • Email
el_loco_Picasso el_loco_Picasso Mi Pueblo Fuerteventura
Cartas al cartero
… in corpore insano
POR: Paco Santos PARA: La Revista Mi Pueblo Fuerteventura
el loco PicassoMi querido correligionario:
Puesto que nada le escondo a usted, conoce mejor que nadie las inarmonías y los quebrantos que lastran mi salud, y que me imponen el ritual periódico que a continuación describo:
 Más o menos cada dos lunas guardo en diversos recipientes asépticos y modestos las ofrendas que mi cuerpo tiene a bien libar por vía urinaria (amen de las venas que generosamente ofrezco, una vez llegado al altar del sacrificio, para que me extraigan la vida), y me presento en ese templo que los no iniciados llaman laboratorio. Nunca estoy sólo. Siempre nos reunimos allí un buen número de fieles silenciosos y en ayunas, esperando turno para entregar nuestros fluidos al oráculo que sabrá interpretarlos.
Todos (y no voy a excluirme) escrutamos con el debido disimulo las ofrendas de los demás. Algunos, la mayoría, las envolvemos con pudor en papel de aluminio y bolsas de plástico y vaya a saber, pero hay osados que exhiben sus aportaciones, envaneciéndose de su color y su consistencia. El caso es que a mí siempre me viene a la cabeza esa cita clásica de Juvenal: “Mens sana in corpore sano”, aceptada por el vulgo como dicho popular. Cualquier sentencia de ese cariz esconde un reverso inquietante, que en este caso se expresa mediante la siguiente pregunta: ¿Qué pasa con los cuerpos insanos? ¿Debemos asumir, en honor a Juvenal, que les corresponden mentes insanas?
Sospecho que sí, basándome en las fisonomías de quienes me rodean en la sala de espera, y cuyos gestos delatan conductas criminales o cuanto menos patológicas. ¿Quién puede fiarse de alguien que canturrea distraídamente y sonríe mientras sostiene sus propias heces en el regazo?
Me pregunto si los resultados de las analíticas corroborarán mis impresiones, marcando los altos índices de envidia de aquel caballero, o los niveles anormalmente bajos de autoestima de aquella señorita. ¡Quién sabe si en la analítica de alguno de mis cofrades se indicará un satisfactorio estado de beatitud, o un exceso de chistes malos, o una peligrosa concentración de miedo al futuro en el riego sanguíneo!
En lo que respecta a mi persona, prefiero no dejar constancia escrita de los secretos ocultos en mis fluidos, por si esta misiva que le escribo cayese en manos de extraños.
Devoto de usted, se despide el inquilino de:
c/ El Médico de los Corderos, nº 8 (semisótano).
Puerto del Rosario.
volver arriba