Cartas al cartero. Fanáticos Destacado

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Cartas al cartero
Fanáticos

Por: Paco Santos. para: La Revista Mi Pueblo Fuerteventura

Mi amigo y confesor:
En las fechas tan señaladas que se avecinan (señaladas por los anuncios de perfumes y por el gentío en los comercios; espero que no todos con la intención de comprar perfumes, por el bien de mi membrana olfatoria) me invade un higiénico paganismo.

He observado dos fenómenos coincidentes en estas fechas, uno de los cuales me inquieta, mientras que el otro me sosiega:
Me inquieta que el bombardeo publicitario de las navidades parezca haber descartado los juguetes como munición obsoleta. Ya no se ven anuncios de juguetes. Lo que me da que pensar que a los niños han dejado de gustarles, o que a sus padres ya no les interesa comprárselos, porque es más cómodo regalar al benjamín la play para que se entretenga solito, y no tener que participar en sus juegos ni fomentar su imaginación; y además se libra uno de la molestia de que el crío se relacione con otros críos y formen una pandilla de amigos, que de ahí a la kale borroka hay una paso.

Por otro lado, me sosiega el escamoteo progresivo de lo clerical en todo el tinglado navideño. Y por más que en nuestro Estado aconfesional la Iglesia siga rugiendo dentro del Congreso con más fuerza que los leones de la entrada, creo que es salutífero para las futuras generaciones que cada vez resulte menos evangélico el paripé de estos días (lo que tampoco me lleva a dar mis bendiciones a la fiesta actual del consumo, pero es tema aparte).

En algún vertedero del olvido se amontonan los juguetes que ya no pide ningún niño, con un dios de Lego (que viene a ser el juguete roto de los obispos). Todas las navidades los curas se piden a dios para estas fechas, pero al igual que el resto de los mortales sólo reciben perfume (al menos será incienso o mirra).

La creencia en dios constituye en sí un germen de fanatismo. Cualquiera que proclame <<creo en dios>>, lo que viene a decir larvadamente es <<más te vale creer en mi>>, pues irremediablemente dios se erige como la Verdad única e incuestionable. Todos los nombres de dios conducen a la hoguera.

Jesús fue un judío más fanático que los otros profetas que en su misma época y en su misma tierra pugnaban por el puesto del mesías. La paz y el amor que se promulgan en estas fechas jamás hubieran alcanzado el arraigo de valores universales sin una buena dosis de mala leche.

Cada vez que contemplo un Belén, pienso en la muerte de todos los inocentes que acompañaron el nacimiento del nazareno, según el Nuevo Testamento. Y claro que si Herodes se manchó las manos con su sangre fue por puro fanatismo. Pero también fue fanatismo de José y de María proclamar el parentesco divino de su primogénito. Tal vez las cosas hubieran rodado de otro modo si se hubieran contentado con afirmar, como todo cristo, que su hijo era más mono que el del pesebre de al lado, sin empeñarse en que era dios hecho carne.

Por mi parte, lo que me hace enloquecer en estas fiestas son los juguetes. Y si no hay más remedio, un perfume que no sea muy fuerte. Su regalo ya lo tengo.

Se despide de usted y del año el inquilino de:
c/ El Médico de los Corderos, nº 8 (semisótano).
Puerto del Rosario
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