Cartas al cartero. Mosquito tigre

Cartas al cartero
Mosquito tigre

Por Paco Santos
Francisco Javier Santos Rebollo@Facebook>
Para la Revista Mi pueblo, edición impresa nº 81

Discreto receptor de mis pesares y alegrías, déjeme que le cuente:

De un tiempo a esPacoSantospresentaciónMemoriasdeunApestado.jpgta parte, en las noches aquietadas del estío, no hay ocasión en que apague la lámpara de mi mesita, dispuesto a conciliar el sueño sobre mi colchón viscolástico, sin que un zumbido molesto se instale en mis oídos y aleje cualquier posibilidad de un descanso reparador.

No sé si habrá notado usted, como sí que lo he notado yo, que últimamente los mosquitos andan más crecidos, o, si acaso, nosotros más menguados, y escacharlos con la zapatilla o desintegrarlos con un manotazo certero ya no resulta tan fácil, ni tan gratuito. Porque ¡ay de usted si yerra en su intento de mosquiticidio, y el vengativo insecto logra esquivar el calcetín con que vanamente intenta estamparlo contra la pared! Ya no pegará ojo en lo que resta de verano, se lo aseguro, perseguido día y noche por el insecto furibundo, asaeteado inmisericordemente hasta perder la cordura y embadurnarse en vinagre en el intento desesperado de repeler el ataque.

No sé si la cosa tendrá tan mal cariz por tratarse de la invasión del mosquito tigre, cacareada en la TV. Pero si es ese bicho del demonio el culpable de mis desvelos, no se sorprenda si una de estas noches me desnuco enfrentándome a ese tigre alado en la oscuridad, saltando sobre él como saltaba Sandokán, en la película de mi infancia, para enfrentarse a la fiera rayada en medio de la jungla.

Con ojeras y con los nervios a flor de piel, se despide de usted el inquilino de:

c/ El Médico de los Corderos, nº 8 (semisótano).

Puerto del Rosario.

Artículo publicado en la edición nº 81 de la Revista Mi Pueblo Fuerteventura, en la sección Cartas al Cartero por Francisco Santos Rebollo

Para leer la revista hacer clic sobre la foto o seguir este enlace:
https://issuu.com/mipueblofuerteventura/docs/revista_mi_pueblo_fuerteventura__81

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Cartas al cartero. Niños sin caramelos.

Cartas al cartero
Niños sin caramelos
por: Paco Santos para la Revista Mi Pueblo

Francisco Javier Santos Rebollo@Facebook>


Mi dulce amigo:

Quiero compartir con usted un descubrimiento reciente e inesperado, y que viene llenándome de amargura.

Habiéndoseme invitado a participar en un evento cultural y festivo que se organizaba en un municipio de la isla, dirigido a un público infantil, tuve la ocurrencia de corresponder gentilmente presentándome con unas bolsas de caramelos. No pretendía, ni mucho menos, empachar al auditorio con una ingesta pantagruélica de golosinas, sino aderezar el momento y destacar el carácter lúdico y jovial de la actividad con el regusto afrutado e inocente de un caramelo. Cuál sería mi sorpresa al advertir el estupor de la persona encargada de organizar el acto, que inmediatamente me puso sobre aviso del riesgo que corría si osaba presentarme con semejantes viandas.

A lo que parece, dicho municipio ha sido subyugado por un grupo beligerante y sectario de padres y madres para quienes el azúcar no es más que una tentación diabólica. Según su concepción, la leyenda urbana de nuestra infancia, conforme a la cual había en la puerta de cada colegio un tipo siniestro ofreciéndonos caramelos impregnados con droga, adopta una versión inquietante en la que lo verdaderamente siniestro es el caramelo en sí. En esta moderna inquisición de la new age la pureza a defender ya no es la de la religión ni la de la raza, sino la del cuerpo sacrosanto. Ahora el grito no es “¡quemar a la bruja!” sino “¡quemar los azúcares!”.

Un rayo me parta si me atrevo a cuestionar las bondades de la dieta mediterránea. Pero me parece a mí que bajo los excesos de la moderna escolástica naturista y vegana se esconde a menudo la rigidez sospechosa de quien busca más el aplauso a su propia virtud que el bien ajeno.

Total, que lo siento por los niños, y ahora tengo caramelos para un rato…

Deseándole buena salud, se despide el inquilino de:

c/ El Médico de los Corderos, nº 8 (semisótano).

Puerto del Rosario.


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Cartas al Cartero. Lo irónico del asunto

Cartas al Cartero. Lo irónico del asunto
Francisco Santos Rebollo@facebook>

Comprensivo custodio de mis palabras:
Usted, que se gana la vida sembrando por los portales la correspondencia de excéntricos como yo, empeñado aún en plasmar por escrito mis pensamientos para quien quiera leerlos (aunque nadie más que usted los lea), convendrá conmigo en el notable retroceso de la ironía.

La ironía es la distancia entre lo que decimos y lo que queremos que se entienda, y esa distancia cada vez es más corta.

Es una ingenuidad considerar que las palabras significan sólo lo que significan. Usted y yo lo sabemos, y lo sabe cualquiera que se pare un instante a pensar en sus propias palabras o en las palabras de otros. El lenguaje no se habría desarrollado nunca si nada más se tratara de llamar “piedra” a la piedra o “fuego” al fuego. Gracias a eso hoy llamamos “piedra” a la piedra, pero también sugerimos con la misma palabra el duro corazón de quien nos parece insensible, o la mirada falta de amor, o la mollera cerril de quien reniega de la razón. Hoy llamamos “fuego” al fuego, pero también invocamos con esa palabra los deseos fogosos de los enamorados, o la cólera que hace hervir la sangre de los asesinos.

Siempre se dice más de lo que se dice, en eso consiste la ironía. Y es esa la esencia del lenguaje humano, desde la primera palabra, “mamá”, con la que decimos “mamá” y decimos “calor” y decimos “leche” y decimos “protección”…

Volviendo al principio, amigo mío, habrá constatado conmigo que la ironía está en declive. Que cada vez resulta más difícil decir algo más de lo que se quiere decir, porque cada vez la gente se empeña en comprender menos de lo que es necesario comprender. Vamos hacia un ejercicio de comunicación cada vez más básico, más inequívoco, más inmediato. Y lo irónico del asunto es que a medida que retrocedemos a un estadio pre-homínido en que “fuego” sólo ha de significar “fuego”, menos nos entendemos unos a otros.

Se despide de usted, deseándole un buen día (en todos los sentidos de la expresión), el inquilino de:
c/ El Médico de los Corderos, nº 8 (semisótano).
Puerto del Rosario.

Artículo publicado en la edición nº 73 de la Revista Mi Pueblo Fuerteventura, en la sección Cartas al Cartero por Francisco Santos Rebollo
https://issuu.com/MiPuebloFuerteventura/docs/revista_mi_pueblo_fuerteventura_73

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