Cartas al cartero. Francisco Javier Santos Rebollo@Facebook Cartas a Leticia

Cartas al cartero
Francisco Javier Santos Rebollo@Facebook>

Cartas a Leticia
Mi bienaventurado heraldo:

En fechas tan señaladas, en estos días del año que se despide cargando su cartera con las misivas que los más inocentes escriben para que tres reyes de Oriente las lean y satisfagan sus deseos, quiero compartir con usted una anécdota que ha llegado a mis oídos, y que me parece un ejemplo de espíritu navideño.

Con motivo de la reciente visita de nuestro borbónico monarca a la isla de Gran Canaria, muchos conciudadanos se han apresurado en rellenar pliegos de papel con peticiones y ruegos dirigidos a doña Leticia. Hasta donde he podido averiguar, los anhelos expresados en tales rogativas distaban mucho del idealismo filantrópico que en estas fiestas suele contagiarse con la misma persistencia que el catarro. Ni siquiera se solicitaba a doña Leticia nada lúdico, para disfrutar la Navidad en familia. A la mierda la espiritualidad y los valores hogareños. Lo que se le reclamaba a Leticia en esas líneas temblorosas, a veces ilegibles, en ocasiones analfabetas, de las cartas de sus vasallos, era un enchufe en tal puesto administrativo, una ayudita para conseguir determinada beca, una recomendación para ocupar el sillón que ahora usurpa otro…

Las cartas a Leticia son la versión “milenial” de la correspondencia que en una época rosa, perdida para siempre, dirigíamos a Melchor, Gaspar y Baltasar. Me imagino a este trío detenido en fila, mirando a los camellos cargados de juguetes, pisoteando sus turbantes con desesperación mientras se preguntan en qué mercadillo del extrarradio van a dar salida a toda su cacharrería. Porque ya nadie se acuerda de ellos. Ahora lo que se estila es escribirle a Leti para que mire por los intereses de uno, y a ser posible de sus hijos y sus yernos. Y si nos portamos muy, muy bien, como Iñaki, todos nuestros deseos pueden cumplirse.

Se despide de usted su eterno compi-yogui, el inquilino de: c/ El Médico de los Corderos, nº 8 (semisótano). Puerto del Rosario.


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